Guía para árbitros y clubes
¿Mitchell o danesa?
Son las dos maneras de hacer girar las mesas entre rondas. No cambian las reglas del juego: cambian quién se encuentra con quién, y por tanto cuán justa es la clasificación al final.
1.Mitchell, en dos líneas
Las parejas se dividen en dos grupos — fijas y móviles — y en cada ronda las móviles avanzan una mesa. Es sencillo de explicar y de vigilar: al cambio basta decir «las móviles una adelante» y la sala se mueve sola. Funciona bien con muchas mesas.
2.Danesa, en dos líneas
Los emparejamientos de la ronda siguiente salen de la clasificación: quien ha ido bien se encuentra con quien ha ido bien. Las rondas se vuelven más selectivas y el resultado final distingue mejor los primeros puestos. Exige, eso sí, tener la clasificación lista y correcta antes de formar las mesas.
3.Cuándo conviene cada una
Con pocas mesas el Mitchell arriesga repetir rivales: ahí la danesa ayuda. Con muchas mesas y una sola velada, el Mitchell es más rápido y menos expuesto a errores. Muchos clubes las mezclan: algunas rondas Mitchell para mover la sala, luego danesa para decidir el podio.
4.Lo que hay que decir antes
La fórmula se anuncia al principio, no a mitad. Cambiar de criterio después de la segunda ronda es la forma más segura de oír «entonces no vale»: la gente acepta casi todo, con tal de haberlo sabido antes de sentarse.
El coste real de la danesa
La danesa es más justa, pero traslada el trabajo al árbitro: entre rondas hace falta la clasificación completa y correcta antes de formar las mesas. A mano, con veinte parejas, son diez o quince minutos con la sala esperando — y es también el momento en que más fácil es equivocar una suma.
¿Y la mesa que descansa?
Vale en las dos fórmulas: si las parejas son impares, una queda fuera en cada ronda y recibe una puntuación de oficio. Solo cambia cómo se elige — y conviene que no le toque dos veces a la misma.